lunes, 30 de abril de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulos 44 y 102

Julio Sosa. La gayola.

…y hasta prefería que Horacio se arrimara a compartir unos mates, porque entonces empezaban inmediatamente a jugar un juego cifrado que apenas comprendían pero que había que jugar para que el tiempo pasara y los tres se sintieran dignos los unos de los otros. También leían, porque de una juventud coincidentemente socialista, y un poco teosófica por el lado de Traveler, los tres amaban cada uno a su manera la lectura comentada, las polémicas por el gusto hispanoargentino de querer convencer y no aceptar jamás la opinión contraria, y las posibilidades innegables de reírse como locos y sentirse por encima de la humanidad doliente so pretexto de ayudarla a salir de su mierdosa situación contemporánea.

Una pasada, otra, Traveler en camiseta y pantalón de piyama silbaba prolongadamente La gayola y después proclamaba a gritos: <<¡Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor!>>



Pugliese & Miguel Montero. Qué te pasa Buenos Aires.

Mi mano, ratita, está también marcada para las doce de la mañana. Entre tanto vivamos y dejemos vivir.

Mirá, no es que yo ande buscando que me caiga un refusilo en la cabeza, pero siento que no debo defenderme con un pararrayos, que tengo que salir con la cabeza al aire hasta que sean las doce de algún día.



Richard Wagner. Lohengrin; marcha nupcial.

… parecería que cuando él se junta con nosotros hay paredes que se caen, montones de cosas que se van al quinto demonio, y de golpe el cielo se pone fabulosamente hermoso, las estrellas se meten en esa panera, uno podría pelarlas y comérselas, ese pato es propiamente el cisne de Lohengrin, y detrás, detrás...

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