lunes, 23 de abril de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulo 40

Julio de Caro. Mala Junta.

Sólo las cosas simples y un poco viejas lo hacían sonreír: el mate, los discos de De Caro, a veces el puerto por la tarde.

Talita acabó por entender que a Oliveira le deba exactamente lo mismo estar en Buenos Aires que en Bucarest, y que en realidad no había vuelto sino que lo habían traído.



Carlos Gardel. Melodías de arrabal.

Traveler se acordaba del Oliveira de los veinte años y le dolía el corazón, aunque a lo mejor eran los gases de la cerveza.

A propósito, manda decir la señora de Gatusso que si no le devolvés la antología de Gardel te va a rajar una maceta en el cráneo -informó Talita.


Juan Cedrón. Veredas de Buenos Aires

A la nochecita, antes de constituirse en el empleo, los Traveler bajaban a tomar mate con don Crespo, y Oliveira caía también y escuchaban discos viejos en un aparato que andaba por milagro, que es como deben escucharse los discos viejos.

Era la mejor manera de hacer rabiar a Traveler, nómade fracasado. En vez de insistir, templaba su horrible guitarra de Casa América y empezaba con los tangos.

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